viernes, 10 de enero de 2014

EL PRESUPUESTO: UNA DEFINICIÓN DE PRIORIDADES

El presupuesto del Estado depende del PBI y de la presión tributaria. En el Perú el PBI per cápita (por persona) anual no llega a 3.000 dólares y los ingresos tributarios respecto del PBI (15.2%) a pesar del crecimiento de las ultimas dos décadas son bajos comparados con Chile (17%) y Brasil (20%), y bajísimos comparados con países desarrollados como Alemania (25%) o el Reino Unido (35%). Por lo tanto, en el Perú estamos ante un presupuesto limitado. Por ello, más importante que la reestructuración del presupuesto es el crecimiento tanto del PBI como de la presión tributaria, pues con un presupuesto tan magro la calidad de los servicios del Estado no será satisfactoria. En ese sentido, el foco de atención debe ser tomar medidas que generen crecimiento económico e incrementen la presión tributaria.

Dicho esto, abordemos la reestructuración del presupuesto. La primera pregunta que cabe hacerse es cuál es el objetivo de la reestructuración. La respuesta obvia debería ser: que sirva para que el Estado pueda cumplir mejor con su misión. Ahora bien, con un presupuesto tan limitado -tal como ocurre con un presupuesto familiar. es posible que gastos deseables no puedan ser cubiertos, pues hacerlo pondría en riesgo la satisfacción mínima de necesidades básicas. 

En el Estado estas son Educación, Salud, Seguridad y Justicia, y dado el nivel de pobreza, programas alimentarios de emergencia y de inclusión social, que buscan que las generaciones nuevas tengan condiciones para ser productivos en el mañana. 

Además de ello, promover las condiciones para que el PBI crezca, la regla mundial aquí es promover la creación de infraestructura de transporte, para lo cual se debe convocar el concurso del sector privado, para la culminación de importantes mega carreteras que permitan la comunicación transnacional con los países vecinos y nuestras fronteras.

Sobre este último punto, la situación es tan crítica que, por ejemplo, el transporte de un pie cúbico de madera de Pucallpa a Lima cuesta más que del Callao a la China. 

Asimismo, una parte importante del presupuesto (más de 20%) está asignada a cumplir con pagar la deuda que se ha adquirido en el tiempo.

La reestructuración del presupuesto nacional debe centrarse en mejorar la calidad del gasto al interior de esos rubros. Para ello, un primer problema estructural es el alto componente de gastos de personal que tiene el presupuesto. ¿Es razonable que 850.000 personas trabajen en el Estado Peruano? Si bien es cierto que políticamente es complicado abordar este problema en el corto plazo es un tema que hace inviable pagar decentemente a los trabajadores que realmente se necesitan y, más aun, ha trastocado la lógica de para qué está el Estado. Este parece existir para proveer empleo antes que para prestar servicios.

Respecto a la reducción de sueldos, cabe hacer una precisión de coyuntura respecto a la situación de los altos funcionarios. Por un lado está el tema de la solidaridad. Si el Estado, está en crisis, no pueden existir sueldos excesivos, pero tampoco pueden reducirse las retribuciones de los altos funcionarios tanto que se impida la convocatoria del personal adecuado. 

Debe existir un referente con el mercado que, en otros países, es entre 10% y 20% debajo del sector privado. Si no hay tal referente, se corre el riesgo de que los altos cargos sean copados por gente acaudalada, que no encuentra empleo en el sector privado o que ingresa a laborar en función de intereses subalternos. De otro lado, un segundo tema es que no es sustantivo en la foto, puesto que representa menos del 1% del total que se gasta en sueldos y pensiones.

En cuanto a las recomendaciones de recomposición para el corto plazo, cabe distinguir las inversiones de lo que es gasto corriente y deuda. El Estado ha venido reduciendo año tras año la inversión pública. Entre 1998 y este año, según datos del BCR, esta ha caído en más de 40%. Esta falta de inversión nos resta competitividad y perjudica las posibilidades de crecimiento del PBI. Se necesita más inversión pública y más inversión privada para crecer y, dada la escasez de recursos, la inversión pública debe ser muy bien elegida. Se requiere invertir solo en proyectos que son rentables, según la matemática más pura y dejar de lado proyectos, que no cumplen un fin de desarrollo social.

Un ejemplo de ello son los proyectos de manejo de aguas de la costa, que consumen gran cantidad de recursos pero no son económicamente rentables. Se requiere además, hacer un esfuerzo por dimensionar bien la obras que se realizan, desde hospitales hasta escuelas. En cuanta al gasto corriente, urge identificar y atacar los problemas de duplicidad de funciones entre los ministerios y sus organismos descentralizados y hacerlo ante, de que la cosa se agrave como producto del proceso de descentralización.

En cuanto a la deuda, este es un problema que esta se agrava por la falta de crecimiento de PBI. Los países que crecen sos­tenidamente, como Chile, "licuan su deuda como porcentaje del PBI porque este último crece. Esto hay que tenerlo bien entendido, tal como lo tiene cada jefe de hogar respecto de su hipoteca, que si se quiere ser sujeto de crédito, se tiene que cumplir con pagar lo que se debe. La raíz de los problemas que analizamos está en nuestra falta de crecimiento y para resolverlos debemos tener eso bien claro.






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